Abraham, Sarai y Agar...

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Entre el sacrificio de Abraham y el que hizo Dios el día del Viernes Santo hay muchas semejanzas. Nosotros nos fijaremos en éstas:− Abraham ofreció en sacrificio a su hijo único. También Dios entregó a su Hijo unigénito en sacrificio por nuestros pecados.− Abraham obedeció a Dios porque Él es el Señor de la vida. Si Dios quería la muerte de su hijo sería para bien: luego podría resucitarle de los muertos. Dios permitió la muerte de su Hijo porque su muerte no iba a ser definitiva: resucitaría a los tres días.− Isaac obedeció mansamente a su padre dejándose sacrificar. Jesús entregó también su vida por obediencia perfecta a la voluntad de su Padre y a las autoridades que lo condenaron a muerte.− Cuando el ángel detuvo la mano de Abraham, éste vio un cordero para el sacrificio. El cordero realmente sacrificado por Abraham en lugar de Isaac es figura del Cordero de Dios, por cuya sangre han sido perdonados nuestros pecados.


"Princesa", ese es el bello significado de la palabra hebrea Sarai. Es hermoso que te llamen princesa. Eso es señal de que quien así te llama, te ha entronizado en su corazón. Es tener la seguridad de que para alguien eres una princesa. ¡Claro que es un nombre seductor! ¡Claro que es halagador! Por eso sigue llevándose desde hace casi tres mil años; y mientras se conozca su valor, no desaparecerá. Seguirá siendo el nombre de las que han sido elegidas por el destino para ser princesas de corazones. La historia de Sara nos rebela que fue una gran mujer no sólo por su belleza, sino también por su carácter y por su gran habilidad en el manejo de situaciones altamente conflictivas. Las Saras tienen en ella un espejo que no ha perdido el brillo a pesar del paso de los siglos. Su nombre fue una premonición de lo que fue su vida. Es lo que tienen derecho a esperar las Saras. ¡Felicidades, princesa!

Agar en cambio, había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama, esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava. Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.


Pero es de Sara, la mujer del patriarca Abraham, de donde proviene la grandeza de este nombre. En un pueblo de estructura patriarcal como lo son todos los que forman nuestro tejido cultural, el simple hecho de que la historia se ocupe de una mujer, es señal de la enorme relevancia que ésta tiene en la construcción de su pueblo. Es el caso de Sara, esposa de Abraham, mujer de belleza legendaria. Dos episodios de su vida confirman el irresistible atractivo de Sara. Primero fue en Egipto, donde el Faraón mandó incorporarla a su harén, convencido de que era la hermana, y no la esposa de Abraham. Colmó de dones a Abraham: le regaló "ovejas y ganado vacuno y esclavos y esclavas y asnas y camellos" (Gén. 12, 16). Cuando se enteró el faraón por las calamidades que Dios le mandó, de que Sara era intocable por ser la mujer de Abraham, los despidió a ambos con todo cuanto les había regalado. Volvió Abraham a las andadas con Abimelec, rey de Gerara: también éste hizo llevar a Sara a su palacio, convencido de que era la hermana de aquel gran jeque que se había instalado como extranjero en su territorio. Abimelec tuvo una premonición en sueños. Dios le dijo que devolviese a Sara, y así lo hizo. Pero fue la maternidad de Sara, en competencia con la de su esclava Agar, lo que marcó su vida. Un día que estaban peleando el hijo de ésta, Ismael, con su propio hijo, Isaac, decidió que aunque ambos fuesen hijos del mismo padre, tenían que seguir caminos distintos. Y de este modo se deshizo de la esclava y de su hijo, quedando ella como única mujer de Abraham, y su hijo como único heredero.


"Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente" Génesis 21:9-21

Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama Esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava.
Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.


Por tanto, no es de sorprender que no resulte de este arreglo humano ninguna bendición. Agar "miraba con desprecio a su señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su dueña. Luego, cuando Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que luego se trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la discordia entre Abraham y Sara
. Sólo después de la intervención de Dios Abraham despide a Agar. Esta vez sale para el desierto con el hijo.
Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha habido consecuencias visibles aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del Islam que todavía es potente en tres continentes, está en su origen unida al nombre de Agar. (o sea, un esquema fatal para los hijos nacidos de relaciones sexuales sin la bendición de Dios).


Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22 compara a Sara con una mujer libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo interpreta significando que los que no encuentran al Mesías permanecen "hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que no busca su Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.
Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más razones que meramente estimular nuestra simpatía por el hecho que se perdió en el desierto. Aparece como un eslabón en la cadena de la Providencia insondable de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las raíces de la historia de la Iglesia de Dios. Sea como sea, ya sabemos el camino para la felicidad plena...





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